martes 14 de abril de 2009

Tituales Culturales Paraguay

TITULARES CULTURA PARAGUAY

Martes 14 de abril de 2009

DIARIO ABC COLOR

Música electroacústica

“Salmos 3” es el espectáculo que presentará hoy el Ensamble Experimental Electroacústico Campanellas en el Centro Cultural de España “Juan de Salazar” (Herrera 834). En la ocasión, se realizará el lanzamiento del disco “Ronda de niños a orillas del lago”, por los 25 años de Campanellas.

Se presenta hoy la quinta novela de Susana Gertopán

La nueva novela de la escritora Susana Gertopán se presentará hoy, a las 19:30, en la biblioteca Cervantes del Centro Cultural de España Juan de Salazar, bajo el sello de la Editorial Servilibro. Las palabras de presentación, de esta quinta novela de la autora, estarán a cargo del Prof. Dr. Enrique Marini y la Prof. Sonja Steckbuauer.

Nueva producción del arpista Ismael Ledesma

Dieciséis temas integran el nuevo disco de Ismael Ledesma, que hoy será presentado en una ceremonia en Mgasin de la Harpe, que es el local de la editora Harposphére. Dicha empresa lanzará en mayo próximo el segundo libro de partituras con obras de Ledesma y otros compositores nacionales con adaptación del citado artista.

En el CCEJS exhibirán un nuevo documental

Con muchas expectativas los realizadores del documental “Paraguay, el país olvidado” tienen previsto presentar su trabajo mañana en el Centro Cultural de España “Juan de Salazar” (CCEJS, Herrera 834). La exhibición se hará gratuitamente, a las 20:30, en el auditorio “Manuel de Falla” del CCEJS.

La revista poética “Tren rojo” se lanzará mañana

La revista de poesías “Tren rojo” se lanzará mañana, a las 20:00, en el Instituto Cultural Paraguayo Alemán (Juan de Salazar 310 c/Avda. Artigas). Se trata de un material con 32 páginas en total y que tiene un costo de G. 20.000.

Paola Irún, elogiada en Estados Unidos

El crítico J. Lin escribió un elogioso comentario de las actuaciones en los Estados Unidos de nuestra compatriota Paola Irún de sus unipersonales “La cena” y “Ramona”.

DIARIO ULTIMA HORA

Analistas retratan historia local en un filme francés

Paraguay, mi tierra olvidada, es el documental de Philippe Claude y Valeria Dos Santos que se estrena mañana en Latinoamérica. El material menciona momentos de la dictadura, la transición y la nueva era con Fernando Lugo.

Por Sergio A. Noé Ritter

snoe@uhora.com.py

El audiovisual, escrito y realizado por el francés Philippe Claude y la paraguaya Valeria Dos Santos, se estrena mañana a nivel continental. La función es a las 20, en el Centro Juan de Salazar (Herrera 834). Acceso libre.

Esta producción propone un recorrido por la historia local, tomando como vértice la victoria de Fernando Lugo.

En el documental aparecen entrevistas a sociólogos y figuras claves, como Milda Rivarola, José Carlos Rodríguez, Adolfo Ferreiro, Cristian Nielsen, Carlos Dos Santos, Luis Aguayo, entre otros.

También fueron entrevistados Martín Almada, Ausberto Rodríguez, Ananías Maidana, Javier Fernández, Fernando Lugo, Blanca Ovelar y otros.

ETAPAS. El proceso de realización se inicia cuando Valeria Dos Santos, una paraguaya radicada en Francia desde el año 2000, percibió al Paraguay como un sitio desconocido en Europa.

Por tal motivo, se aventuró con su marido, el francés Philippe Claude, a relatar de modo fílmico una peculiar historia del Paraguay.

Tras un año de intensas conversaciones, contactos, entrevistas y filmaciones, el anhelado sueño se cumple, concretándose con el material Paraguay, mi tierra olvidada.

CONTENIDO. En el audiovisual, una paraguaya habla de su tierra, contando su estructura social, su pasado doloroso y su peculiar identidad.

El material hace referencia al proceso político paraguayo, incluyendo la transición y algunos testimonios de la dictadura.

También se toma la palabra de Fernando Lugo y sus opositores del Partido Colorado, a fin de desentrañar el pasado y futuro del país.

ASPECTOS TÉCNICOS. La cinta de 65 minutos, se realizó en formato 16/9, y cuenta con la producción de Solferino Images y Quartier Latin Media.

El filme, con versiones en francés y español, está bajo la dirección de Philippe Claude. Posee comentarios de Valeria Dos Santos y la asistencia de dirección de Diego Dos Santos.

Temas de José Asunción Flores, la Orquesta Ramón Maciel, Dogma, La Secreta y otros, forman parte del sonido.

"NO ES UNA PELÍCULA SOBRE LUGO"

Para el director de la propuesta, el francés Philippe Claude, el clima electoral del año anterior fue una excelente oportunidad para captar imágenes, además de tomar un hecho de relevancia para hablar del Paraguay.

"Abordar simplemente la historia del país por sí mismo, era algo complicado. Entonces, surgió la idea de aprovechar -en abril pasado- el contexto de la victoria de Lugo, como una ocasión de hablar de esta nación y seducir a nuestro público, en especial el europeo", comenta Claude.

El francés señala que la entrevista a Fernando Lugo se hizo después de las elecciones, pero aclara: "No es una película sobre Lugo".

"La entrevista al actual presidente -añade el director francés- fue sólo un punto de partida y un pretexto clave para hablar del pasado del país", remarca.

El material ya se presentó en Europa en marzo pasado, y volverá a verse en mayo.

Los Corales cantan hoy a la vida y la naturaleza

Con un concierto, el trío folclórico Los Corales presenta esta noche su nuevo material discográfico, Grito por la Vida, que contiene 18 canciones con temática ecologista. El espectáculo, denominado Canto de lucha de amor por la vida, se inicia a las 20.30, en el teatro Agustín Barrios del Centro Paraguayo Japonés (CPJ), ubicado sobre Julio Correa y Domingo Portillo. Las entradas tienen un costo de G. 15.000 y pueden ser adquiridas de la boletería de este centro cultural. Este recital forma parte del ciclo Músicos y Música que lleva adelante el CPJ, en el marco de la denominación de Asunción, como Capital Americana de la Cultura. El show cuenta con el apoyo del Fondo Nacional de Cultura (Fondec) y la UniNorte.

El conjunto Los Corales nació en 1983 y está conformado por Ramón Riquelme, Aurora Montiel y David Riquelme. El grupo es intérprete innovador de la música paraguaya, creador de varias obras musicales de interés educativo, social, nacional, ecológico y cultural. Por el contenido social de sus músicas, sus integrantes fueron obligados a radicarse en Buenos Aires (Argentina), exiliados por el gobierno dictadorial de Alfredo Stroessner.

Los Corales publicó durante su larga trayectoria de más de 30 años, quince materiales discográficos de diferentes contenidos. Actualmente, sus temas están enfocados a la ecología y protección del medioambiente, siendo la mayoría cantados en guaraní.

El contenido esencial del cedé Grito por la Vida, "es un llamado de alerta en materia del ambiente", señala Aurora Montiel, primera voz de la agrupación.

PRODUCCIÓN. Con anterioridad a este disco, Los Corales editó otros como Paraguaiko ñanemba'e, Ha che paraguaimi, Ya no llores tierra mía (primer material en español que formó parte de los tres discos grabados en el exilio), Mboriahu joayhu, Democraciaite, Tetã pyahu poyvi'ãme, Santa Elena purahéi, Los sin tierra, Nunca olvido ni perdón y En tu reja mi amada. Igualmente, el grupo grabó otros cedés titulados Ñanderekoha, Nuestro hábitat (primer material de contenido ecológico), Un canto para luchar y Upalala. MÚSICOS Y MÚSICA. Este ciclo ya presentó a consagrados artistas del ambiente musical, como Rolando Chaparro, Los Álvarez en concierto -con don Lorenzo, Luis y Patricia Álvarez-, Francisco Russo, Americanta, Los Orrego y Contrapunto. También se presentaron los arpistas Marcelo Rojas y Christian González, Lizza Bogado, Los Ojheda, Los Alfonso, Trova Bohemia y Riolo Alvarenga.

Alfredo Viola recibe cariño y reconocimiento en su despedida

Con un sencillo homenaje, familiares, amigos, colegas e intelectuales despidieron ayer los restos de Alfredo Viola. El destacado historiador nacional había fallecido la madrugada del domingo, a los 79 años.

En la víspera, en el Cementerio Italiano en La Recoleta, fue recordado no sólo como un gran investigador e intelectual, sino también como una excelente persona.

"Siempre tenía las palabras justas, certeras; era como hablar con los protagonistas de la historia", señaló el arquitecto Marcial Jiménez, miembro del Instituto de Investigaciones Históricas Gaspar Rodríguez de Francia, que Viola fundó en 1991.

Francia fue una de las figuras de la historia paraguaya que el maestro estudió a profundidad durante su vida."Era franco, amistoso, generoso: todo eso lo aprendimos con él y queremos que esta generación y las próximas lo recuerden como uno de los grandes intelectuales paraguayos", dijo en otro momento Giménez.

HUMILDE. Por otra parte, los familiares recordaron al doctor Viola como una persona sencilla, humilde y entregada, ajena a los lujos, disciplinada y de gran corazón.

Desde 1955, Alfredo Viola se dedicó incansablemente a la enseñanza, influenciando a varias generaciones de estudiantes, docentes e intelectuales. Fue profesor en varios colegios de la capital, en la Universidad Nacional de Asunción, la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción, así como en el Liceo Militar Acosta Ñu.

Investigó con riguroso método científico varios temas y personajes de la cultura paraguaya. Tiene más de 10 libros publicados, varios de ellos considerados indispensables para profundizar el conocimiento sobre la historia nacional. Ayer, familiares y colegas señalaron que existe un buen número de materiales de Alfredo Viola que ya están terminados, pero que aún no fueron publicados.

DIARIO LA NACIÓN

Vuelve a escena “Karai Xuande”

La obra de teatro “Karai Xuande” se presenta esta noche, a las 20:00, en La Casona de Coomecipar (San José esquina Río de Janeiro). La entrada es libre y gratuita.

Llevada a escena por el grupo “La + Cara Teatro”, interpretada por Emilio Barreto y dirigida por Galia Giménez, esta pieza relata la historia de un dirigente campesino de base, de los años 70. Él expresa su profundo descontento ante el inmisericorde ataque gubernamental de la prensa, que cuestiona duramente la emigración de paraguayos en busca de trabajo y sus graves consecuencias sociales y familiares.

Juan de Salazar, Se inicia taller sobre fotografía

Arranca hoy, a las 15:00, un taller titulado “Aprender a ver y disfrutar de la fotografía”, en la sala Taller del Centro Cultural de España “Juan de Salazar” (Tacuary 745 casi Herrera). El acceso al curso es libre y gratuito.

El taller se realizará todos los martes y jueves de abril, a partir de las 15:00. El propósito de la actividad es que jóvenes y adultos participen de esta experiencia cuya filosofía propone al lenguaje fotográfico como un medio para aprender a comprender mejor el mundo. El curso está elaborado como un sistema de instrucción que alcanzar objetivos bien definidos en un período corto.

Arquitectura-UNA, Proyectan hoy “Desafío total”

La película “Desafío Total” se exhibe hoy, a las 19:00, en el Aula Magna de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), en el campus de San Lorenzo. La entrada es libre y gratuita.

Este ciclo, denominado “La arquitectura en el cine” se desarrolla los martes. Se exhiben filmes seleccionados con especial cuidado, por la filmografía en su relación con los espacios arquitectónicos. El ciclo se inició en el año 2007, como parte de las actividades culturales desarrolladas en la institución, con la finalidad de generar un espacio cultural.

domingo 28 de diciembre de 2008

miércoles 24 de diciembre de 2008

Biografía`i de Diana Viveros

En la foto Diana con su hermano Javier, también escritor purete


Diana Viveros (Asunción, 1981). Publicó diez relatos reunidos bajo el título de "Café Kafka", en 2006 (Jakembó Editores). Participó en la colección de cuentos "Anales urbanos", en 2007 (Arandura Editorial). Con su hermano Javier lanzó en 2008 "Ingenierías del insomnio", libro de relatos (Jakembó Editores), y "Los quince de la niña" en formato cartonero (Editorial Barco Borracho).

correo electrónico: dianaviveros@gmail.com

martes 23 de diciembre de 2008

Un largo camino, cuento de Diana Viveros


Cuántos casos, cuántas cosas

llenan las infancias. José Saramago

I

La primavera abarca del 21 de setiembre al 20 de diciembre. Es la estación más linda. Las flores se abren y las personas se visten con ropas livianas y muy vistosas. Hay muchos colores en la primavera, en todas partes…

* * *

Feo como Sócrates, con una pronunciada calvicie un poco resplandeciente, la nariz chata y cubierta de espinillas, los ojos pequeños que necesariamente desaparecían con la curva de los labios manifestando contento o sarcasmo o malicia, debido al volumen de los pómulos sebosos que, contrarios a la grasa del vientre que inclinaba sus carnes hacia el piso, se elevaban con esfuerzo hasta cubrir por completo la parte que sigue a las ojeras, el nuevo novio de la madre de Sebastián se presentó ante él, animado por un frenesí absurdo. El niño, a través de sus gruesas gafas de miope tempranero, quedó mirándolo fijamente; no esperaba que aquel de quien su madre tanto le había hablado desde hacía cierto tiempo resultara ser una figura en su opinión tan pintoresca y que demostrara tal fervor al estrecharle la mano y que mantuviera ese ademán por varios segundos que los tres, cada uno en su fuero interno, terminaron considerando excesivos.

––¿Cómo está el campeón? ¡El tigre de la casa! ––dijo don Oscar, revolviendo con ahínco los cabellos del escolar, quien por toda llana contestación, le propinó una sonrisa retraída con los ojos agachados.

––Seba preparó aloja ––comentó radiante la madre, en tanto invitaba al visitante a ocupar un asiento en la espaciosa sala.

––¡Ah, no olvides que le traigo un regalo al nene! ––musitó don Oscar, con la palma izquierda a un lado de la boca, cercano al oído de la mujer. Ésta, que ya sabía de qué se trataba, reprodujo una mirada suplicante con la que le insinuó que el regalo no iría a resultar del agrado del hijo.

––Querido, no debiste haberte molestado, en serio...

La mujer articuló estas palabras con prisa y ademanes nerviosos. Segundos después, agregó:

––Mejor dejemos que regrese a su cuarto porque está haciendo los deberes para mañana, ¿verdad, Seba? Yo voy a traer la jarra y los vasos. ¡Uf! ¡Este clima…! ––y se abanicó el rostro con los dedos.

Casi a empujones, Teresa sacó al niño de la sala, arrastrando su silla de ruedas hacia el dormitorio. Don Oscar no terminaba de comprender por qué no podía entregarle el preciado obsequio al tigre de la casa. Si sólo era cuestión de ir por él hasta su vehículo.

––Pero… ¿y qué hago yo con esa pelota entonces? ––se preguntó a sí mismo, confundido, sin reparar en el bochorno de que su pareja le acababa de salvar.

II

Los pajaritos cantan alegres y todos festejan su regreso. A mí me gusta la primavera porque puedo comer helados y tortas frías, que en invierno no se venden porque nadie los compra y no es negocio. Pero en primavera sí, porque el sol nos hace sudar y cuando salimos de paseo se nos antojan helados de frambuesa y chocolate o tortas de vainilla…

* * *

Con éste, se sumaba el quinto potencial padrastro de Sebastián desde que el verdadero progenitor huyera hacía ya una década, cuando todavía aquél se alimentaba de leche materna.

El primero de ellos venía durante la madrugada, se quedaba por un rato y salía igual que como llegaba, sin decir una sola palabra en voz alta, andando en puntas de pie, como lo harían un espíritu nocturno o un gato sigiloso. Sebastián, siempre víctima de un sueño frágil, lo recordaba bastante bien; de él admiraba su envoltura de misterio y hasta le parecía que su propia madre también se volvía de pluma durante las visitas silenciosas. A veces le tentaba la idea de salir de su cuarto a escondidas y descubrir de quién se trataba, pero nunca se atrevió. Un juego de secretos tiene sus reglas y hay que acatarlas aunque uno se estremezca por lo curioso. Lo importante era que Teresa se arreglaba y se vestía como si el tiempo hubiera aplazado en ella su labor de inevitable decadencia. Así le gustaba a Sebastián, viéndola ir al salón de belleza o llenando la casa con su risa tan excitante. Ese hombre de humo hubiera sido el ideal, pero terminó por esfumarse definitivamente luego de un delicado periodo de seducción. La madre se apagó y permaneció distante por unas semanas. Lloró mucho, Sebastián la acompañaba. Las madrugadas recuperaron su vacío habitual y sólo se escuchaban, a menudo, el aullido de los perros y los pasos de algún caminante extraviado en las calles, bajo la amarillenta luna.

El otro pretendiente fue Rafael, tosco y robusto. A éste sí que el chico lo llegó a ver y a tratar y conoció de él la potencia de sus puños pesadísimos. Teresa también, por eso lo denunció y lo mandó a prisión y tuvieron que cambiarse de barrio para evitar represalias, una vez que el golpeador cumpliera la condena. El infierno duró medio año, auspiciado por el alcohol y los celos. Sí, porque Rafael era celoso en extremo y no permitía que su mujer usara maquillaje o saliera sin su consentimiento. Sólo al trabajo la dejaba ir, porque alguien debía traer el pan a la mesa y conseguirle más alcohol con qué aplacar la furia de sus demonios internos. Un fin de semana decisivo, lluvioso, el sujeto dio con la nueva dirección de su antigua conviviente. Ésta palideció al verlo trasponer el umbral, con la misma fuerza de antes, con más locura en su mirada cenicienta. Rafael se las tomó con Sebastián; lo arrastró con vehemencia hasta un coche del que había vencido las cerraduras y desaparecieron. Manejó con incertidumbre hasta que comenzó a sospechar que algún policía le seguía la pista. Aceleró sin límite, ignorando el final de su irreflexiva venganza. No vio el camión envuelto en la neblina y estacionado en la ruta y allí falleció, con la herrumbre y los vidrios incrustados en su cráneo y en el resto de su masa corporal. A Sebastián lo salvaron de milagro, pero su columna quedó destrozada. No volvería a caminar nunca más. Lloró mucho, su madre lo acompañaba.

Después llegó Carlos, funcionario de Hacienda. Se mostraba encogido, perplejo a todas horas por algo que nadie sabía qué era con exactitud y parecía sufrir de anorexia, por lo enjuto que lucía en su camisa almidonada y su eterna corbata a cuadros. Tenía en la oficina fama de voraz lector, de modo que Teresa, la contadora del mismo ente, sintió atracción por esa llama pacífica que se encendía a su alrededor. Con Sebastián se entendía a las mil maravillas y le había leído algunos libros fascinantes, como El fantasma de Canterville o Juan Salvador Gaviota; también poseía una exquisita formación en materia musical, pero el aprendiz se mostraba reacio a escuchar ópera o jazz. Teresa mantuvo con Carlos un romance prolongado que hubiera terminado seguramente en casamiento si su hermana Alicia no hubiera regresado de estudiar en Buenos Aires. Coqueta y sin escrúpulos, los mojigatos como Carlos constituían para ella un desafío. Y él era muy inocente, casi idiota. Y tirando al piso sus enormes anteojos de intelectual y desgarrándole con las uñas su tan prolija camisa, Alicia lo metió en la cama. Y otra vez a Teresa le tocó llorar en exceso y a Sebastián, un poco fastidiado ya, acompañarla en su desazón.

El último candidato de su madre, después de cortar en forma rotunda toda relación con la tía Alicia, se llamaba Darío. Vivió con ellos algo más de un año y le tenía sincera estima a Sebastián. Juntos pasaban ociosas horas viendo películas frente al televisor o jugando damas. Teresa pareció volver a la calma con ese imberbe bajo su techo; sabía de él que aún estaba en la pubertad cuando abandonó el campo en busca de fortuna, rumbo a Asunción. Lo conoció en un restaurante limpiando vasos y lo llevó a su casa con toda confianza y allí lo instaló. Fue feliz con él, como nunca lo había sido antes y por eso, generosa, le pagó las cuotas de una profesión. Darío se recibió más tarde y con orgullo le enseñó a su mujer el diploma obtenido, y se desperdigaron los besos en la piel de ésta y saltaban sus cabellos en el aire, mientras duraba el voluptuoso abrazo. Pero una noche, sin previo aviso, tomó sus cosas y se marchó. En su apurado viaje, tuvo oportunidad de llevarse con él la amada mascota de Sebastián, un conejo que le serviría como centro de mesa en el ficticio banquete que harían sus familiares, allá en el pueblo, cuando lo vieran regresar de la capital, maduro y con un título que le permitiría sacar adelante a sus numerosos hermanitos. Teresa, nuevamente, quedó en desamparo, ahogada en una profunda lágrima que cavaba meandros en su semblante. Sebastián, sin embargo, indolente, sombrío, comenzaba a andar por el largo camino que, a su tierna edad, conduce al odio.

III

Me gusta mucho esta época no sólo porque la naturaleza renace, como se dice, sino también porque entonces podemos ir al parque y ya no hay problema con que el pasto esté mojado o peligro de que venga un señor y pida una moneda porque tiene hambre…

* * *

Don Oscar era propietario de una tienda de telas. Viudo de luenga data, la compañía de esa apuesta hembra de treinta y tantos abriles le figuraba un oasis en su extenso y oscuro desierto. Empezaron a frecuentarse unas semanas atrás, cuando él se animó a cercar a la clienta con palabras dulces e intenciones firmes. Se creía el más satisfecho del mundo por contar con el afecto de Teresa, quien no le ocultó sus malas experiencias en el difícil arte del amor, de manera que sus valores fueron juzgados de óptima calidad por el viudo, ya que amén de los encantos visibles que ostentaba la contadora, piedra angular de tibios deseos, le adornaba la franqueza y otras meritorias virtudes.

Por su parte, asimismo Teresa llegó a sentir cariño por ese comerciante de aspecto tan excéntrico. Le sorprendía su carácter espontáneo y su charla diligente y vívida. Una vez más, estaba enamorada. ¡Qué habilidad la de su corazón para superar la agonía y dar aliento a nuevas ilusiones! Y esperaba que Oscar no le fallara. Él gozaba de una posición social holgada y como ya rozaba los sesenta, trataría a Sebastián con el estatus de nieto, el mejor de todos en la jerarquía familiar; tal vez hasta podría cubrirle un tratamiento en el extranjero para revertir el diagnóstico con que en el sanatorio lo sentenciaron a la silla de ruedas. Sí, no debía portarse egoísta esta vez; también estaba su hijo, que había padecido tanto o más que ella por causa de los diferentes hombres de su vida.

La tarde se iba pintando de crepúsculo. Una plática desordenada y caricias inocentes distraían a la flamante pareja. Se acabaron la jarra de aloja hacía rato y cuando decidieron mudarse bajo el parral, en el patio, para presenciar el nacimiento de Venus, como dos adolescentes acurrucados en pueril pasión, sintieron las punzadas en el estómago, los dos al unísono. En seguida los invadió el vértigo y la vista les fallaba. El ritmo cardiaco iba en aumento y les oprimía el pecho. Las punzadas en el estómago se sucedían unas tras otras, iban creciendo, pero en medio de la desesperación, los que las sufrían fueron incapaces de emitir quejido alguno; éstos no podían dejar de presionar con las manos la zona de más dolor y ambos se arrojaron al piso, indefensos. La respiración se hacía dificultosa, ya casi los pulmones dejaron de funcionar. El pulso se aletargaba. La cefalea surgió de golpe, latiéndoles estrepitosamente a cada lado de la frente y, al rato, todo quedó en la nada.

Mientras tanto, ocupado en su composición creativa, Sebastián confiaba en que el veneno contra las hormigas vertido en importante dosis en el jugo de miel sería efectivo para dar un escarmiento definitivo a su madre y una advertencia al enamorado de ésta, por si llegaba a sobreponerse. Había visto con Darío una película donde el protagonista hizo algo similar. De Rafael aprendió a actuar sin temor a lo que pudiera ocurrir. Con Carlos y sus lecturas descubrió que el sufrimiento es parte de la tarea de formarse como humano, pues el dolor redime. De aquel primero de la lista, el invisible, el etéreo, rescató la discreción.

* * *

En la primavera la gente se te acerca no para pedirte plata, sino que te entrega mucha sonrisa y asiste a fiestas y baila hasta que se cansan los pies, pero no se ponen tristes con eso, ya que por la noche uno ve a las personas nuevamente dirigiéndose al baile. ¡La gente es así! Por eso yo también soy muy feliz con la llegada de la primavera.

Fin

jueves 21 de agosto de 2008

Lanzamiento de 5 libros cartoneros del Barcoborracho


La editorial Barcoborraho Ediciones lanza 5 libros de 5 narradores paraguayos en edición artesanal, este viernes 22 de agosto a las 20:30 horas, en el local del SPP (Herrera 948 c/ Estados Unidos).

Los cinco libros a presentarse son: La culeada y otros cuentos, de Humberto Bas; Los quince de la niña, de Diana Viveros; Perro prole, de Cristino Bogado; Dos cuentos, de Javier Viveros; y Falsete, de Ever Román.

La presentación estará a cargo de los siguientes escritores: Giselle Caputo, Carlos Bazzano, Cristino Bogado y Ever Román, quienes harán referencia a los trabajos realizados por los escritores . Habrá vino para degustar mejor el espectáculo.

La editorial Barcoborracho Ediciones está afincada en Buenos Aires desde el año 2007 y se encarga de difundir literatura paraguaya en el país vecino, así como también autores bolivianos, de Tres fronteras, Chaco, Neuquén y regiones alejadas de los centros editoriales como para que tengan alcance para un mayor número de lectores.

La noche del viernes se podrán adquirir los ejemplares de los autores citados a un precio de solo 10 mil guaraníes, así como también encargar próximos ejemplares.

miércoles 23 de julio de 2008

Elvio Romero, el innombrable

Nosotros, los innombrables - Elvio Romero


I
Éramos ya los innombrables,
los desechados de las glebas,
los que apenas tenían nombre,
lo de vivir en pobres tierras,
los de llevar señal amarga
de castigo por las ojeras,
los de plantar en suelo extraño,
los de vestir ropas ajenas,
los que estaban como de paso
medio sangrando entre las piedras,
los ignorados de la gente,
los del desprecio y las afrentas,
quienes soltaban por las noches
los animales y las hogueras.

Éramos ya los innombrables,
los niños pobres y andrajosos
a quienes se llamaban con un silbido,
o con un gesto, o simplemente con la mitad del nombre;
los que podían vivir bajo las lluvias y los vientos
y las heladas, descalzos, y en las noches crueles de frío y desamparo,
y tener fiebres palúdicas
y envidiar a los bravos
y apedrear los faroles que penden de los tugurios,
o morir como mueren los ancianos
de efímera ilusión, soplados desde abajo.

Podíamos seguir las ferrovías
como si fueran el sendero a la medida
de nuestros anhelos
- brillantes u oscurecidos según la distancia y el tiempo -
orinar en las alcantarillas en los crepúsculos ardorosos
y tener gestos ásperos y altaneros.

Soñábamos con lagos inmensos
y con cabañas en medio de los montes profundos,
soñábamos con bandoleros que asediaban en tranqueras
y podían caer, cruzados de proyectiles, con el regocijo
sobre sus caballos jadeantes, raudos y enloquecidos!



II
Éramos ya los innombrables,
los pobres hombres de la tierra,
los de labios enrojecidos
por pedradas o por violencias,
los de rostro duro y reseco,
los atrevidos en las pendencias,
los que ostentaban sobre el pecho
girasoles y resistencias,
relampagueos en la frente,
sublevaciones en la lengua,
quienes soltaban por las noches
los animales y las hogueras.

Vida la nuestra, oscura,
de conocer todas las hambres,
y los senderos de las lluvias y los paisajes,
de los ventarrones que doblan en las siestas ardientes
el tallo fino de los mandiocales;
conocíamos el bochorno delirante del verano en los cocoteros,
los animales que lamían el bastón de los ciegos y
las serpientes y las flores silvestres.
Conocíamos los caminos
de los talleres y los campos,
de las misteriosas plantas a la orilla de los pantanos,
del sudor pegajoso de los trabajadores en el rumor del mediodía,
del pañuelo bordado por la mano anhelante de las muchachas vírgenes;
conocíamos las marcas forasteras de las barajas en los puertos,
el extraño mutismo de los hombres seguros y violentos.

Acaso descubríamos
cuanto yacía en el sobresalto de nuestros sueños,
el afán insumiso del acero escondido en la cintura
de los valerosos que morían cantando,
la música de los naranjales, el murmullo que suena lluvia adentro,
la cicatriz de los peones que tenían historias indescifrables
sobre la piel oscura a medianoche.

Aprendíamos cantos
de pendencia altanera;
tocábamos las guitarras cuyo secreto profundo era secreto
de los cautos y entristecidos,
aprendíamos las palabras que amedrentaban con su audacia y su furia
como la gloria de los himnos guerreros;
llevábamos el pecho desnudo de amarillo leopardo por los fondos calientes
de los bosques y los tembladerales.

Conocíamos las plantaciones
y los terrenos besados por las Siete Cabrillas,
los que guardaban para nosotros las cosechas más bárbaras,
los que dejaban sangre tibia en la esponja exprimida y oprimida
de nuestra piel morena;
conocíamos el brillo vengativo de los machetes que descansaban todavía
las rodillas que se partían de repente por los montes
húmedos y coléricos, gigantescos y lúgubres, y de virilidad decorosa,
y las comarcas lúbricas de torturado silencio y el
cinturón de fuego del verano.


III

Fuimos hechos de tierra roja
y de palabras callejeras,
de amasijos elementales
y de madera primigenias,
tempraneros encallecidos
de quemarse en las polvaredas,
de auparse en las intemperies,
de madrugar en las capueras,
nacidos ya, como quien dice,
en tiempo de mala cosecha,
sobre caminos quebrantados
por desventuras y querellas,
por gacho gesto ensombrecido,
por un destino de violencias.

Y éramos ya los innombrables,
los pobres hijos de la tierra.
Vida la nuestra, oscura,
de conocer todas las hambres,
de haber escuchado el aliento expectante de los días interminables,
el llanto de las lluvias tristes sobre los llanos,
de haber probado el sorbo
amargo de la desgracia.
Y un día comprendimos
la dirección del viento, de esa musculatura
que se tuesta en la orilla brava de un sol naciente.
Nosotros, los esclavos de siempre,
los hombres de mirada perdida como la curva de los ríos bajantes,
los de anchos pies descalzos como las hojas de los tabacales,
acaparados por los golpes, adosados a los muros,
chamuscados en la extensión espesa de los latifundios infernales,
los que hacían los hijos como escupiendo el aire,
los que llevaban sobre el pecho quemado
los sembradíos y los tatuajes,
comprendimos de pronto
la voluntad sin tregua de nuestras gargantas,
que no había milagro comparable al milagro de nuestras manos poderosas.
Todo cobró un color predominio,
de pasión puesta en pie, de incógnita aclarada,
de ríos madrugando en asunción de brillo saludable,
de camino abreviando el apremio empeñado de los pasos del hombre;
todo animado al soplo de una luz verdadera,
de leño consumido que recobra el desvelo de su fuego,
de una certeza muscular y brava.
Un día comprendimos
que la Revolución no es solamente una palabra
de juvenil violencia, sino el agua fluente para la sed constante de los hombres
que pudiera traer la dignidad, difícil y profunda,
y el apego a la vida
y el latido inocente del sagrado intercambio de la emoción entre los seres.
Que es como la fidelidad de dos manos enamoradas bajo la luna.
Que es como abrir una fuente en una tierra seca bajo la luna.
Que es como la leche tibia de un madre hermosa bajo la luna.
O el grito de una niña bajo la luna.
Y supimos que hay noches
que descansan la frente sobre el pecho del día,
y hombres fuertes, como los nuestros, que sostienen las húmedas mañanas,
y flores que desvarían
en la mano rosada de las jóvenes cándidas,
y empuje adormilado de quebrar cocoteros en la dormida vara de la brisa,
y hogueras que levantan su niebla azul en medio de las colinas,
de las estrellas que guían las fugitivas olas de las playas.
Que no habría senderos entrecruzados,
ni señales desatendidas de los extraviados,
ni desafíos oscuros;
que cumpliría el verano su jornada,
la semilla su parto de esplendor y de ahínco
y el viejo rey del cielo su camino.
Entonces comprendimos
que la vida tendría una extraña belleza
como un árbol preñado de pájaros y meses,
que podríamos levantar la cabeza y mirar el cielo
sin temor y sin vergüenza,
respirar a pulmón pleno las fortificantes frescuras
de las raíces maravillosas.

Que rebelándonos abriríamos
las compuertas cerradas, el telón de los anocheceres hoscos y dolorosos,
que podíamos realizar el amor,
la pura valentía,
el canto,
la sonrisa,
y la fecundación de las aguas!
¡Comprendimos nosotros! Nosotros, los innombrables.
(Elvio Romero - Los innombrables - 1.959 - 1.973)

martes 22 de julio de 2008

Javier y Diana Viveros, dos ingenieros del insomnio

Los hermanos Viveros son de los escritores más representativos de la literatura luqueña, de la actualidad. Editado por Jakembó Editores el libro presentado hace dos semanas, tiene ilustraciones de Charles Da Ponte, y la diagramación es de Carlos Invernizzi. Ingenierias del Insomnio es un compilado de doce cuentos que reflejan el dilema urbano, la soledad, la muerte y los dedalos de fantasía que se entretejen con el infortunio de vivir en una isla rodeada de tierra y soja. Han manifestado los autores que "Sobre las historias que componen la obra puede decirse que si bien hay casi siempre un germen en la vida real, una semilla originaria, hay también mucho de imaginaciòn que seirve para completar y dar vida a los relatos. Aunque el insomnio es la deidad tutelar de la mayor parte de estos escritos, es preciso también mencionar que la imaginaciòn se enseñorea de ellos y les inyecta su sabia, el elemento vivificador que les permite levantarse y andar en busca de lectores."